Cada día vivimos la vida con un pie puesto en el acelerador y en piloto automático y nos hemos olvidado de lo que es escencial. Que somos la creación perfecta de Dios. Se nos han entregado tantos dones y en ningún momento nos detenemos a pensar siquiera en ellos.
La respiración, el aliento que entra en nuestro cuerpo sencillamente...sutilmente...entra y sale..una y otra vez...tenemos la capacidad de ver, hablar, oír, movernos, amar, amar libremente, sin esperar nada a cambio, ya que el amor siempre vuelve, la capacidad de pensar, de reir, de imaginar, de crear..y la lista sigue y sigue...
Creemos que somos pobres sin saber lo ricos que somos al tener todos estos dones y muchos más. "Pobre no es el que tiene poco, sino el que desea mucho...y la verdadera seguridad descansa no en las cosas que uno posee, sino en las cosas que se puede hacer sin ellas"
Hemos olvidado nuestra divinidad. Entonces reclamamos porque nos hemos perdido. Sin embargo nos perdimos porque olvidamos justamente qué y quiénes somos.
Somos únicos...irrepetibles, nunca en la historia de la humanidad ha habido ni habrá otro igual a nosotros, jamás. Acaso no es eso algo espectacular?
También, si estamos en el camino, y creemos que no podemos dar un paso más, o caminar un kilómetro más...dar otro paso, caminar otro kilómetro..."si alguien te pide que le acompañes a caminar un kilómetro...acompáñalo dos" siempre un kilómetro más, algunos lo llaman la milla extra.
A todo esto se nos ha otorgado un don más, un poder más, "un poder tan grande que ni los ángeles lo poseen. El poder de la elección" Los ángeles no son libres para escoger el pecado. Tenemos el dominio total de nuestro destino, Determinamos nuestra naturaleza de acuerdo a nuestra propia voluntad, y se nos ha encomendado usar sabiamente nuestro poder de la elección.
Entonces...con todo esto...no somos acaso el Milagro más grande de Dios?
Extractos extraídos de "El milagro más grande del Mundo" de Og Mandino...libro recomendado
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