Hoy, 3 de setiembre de 2018, me reencuentro en este espacio tan especial al que tenía abandonado y olvidado en un rincón. He vivido muchas experiencias en los últimos años, me he encontrado con situaciones inolvidables por su bello recuerdo y situaciones también inolvidables pero por el sabor amargo que provoca su recuerdo; sin embargo todas ellas muy valiosas para mi crecimiento personal.
En este tiempo puedo decir que he estado acumulando conocimiento con respecto a mi vida y por ende a la vida en general. No hay nada mejor que la experiencia.
Se ha convertido para mí en una pasión el entendimiento del ser humano, el entendimiento de nuestra sociedad, de nuestro mundo, de cada alma que está viviendo, sintiendo, expresando lo que puede, lo que ha aprendido, lo que ha asimilado e integrado.
Antes entendía que la vida nos ponía problemas, como piedras en el camino. Eso fue lo que me enseñaron. Ahora sé que los problemas no son tales, que son desafíos que se nos presenta para ver que hacemos con ellos, que decidimos extraer de eso que sucede, que aprendemos.
En realidad para mí, los desafíos representan un enorme abanico de posibilidades de entre las cuales elegiremos la que nos capacite más o la que nos fortalezca más de acuerdo al entendimiento que tengamos de lo que nos está pasando. Cada uno de ellos lleva consigo la semilla de la promesa de que cualquiera que sea lo que decidamos hacer al respecto saldremos beneficiados al conocer un aspecto más de nuestra propia humanidad.
Kahil Gibrán decía:
"En esos inviernos que soporta el corazón, hay una primavera a punto de despertar. Detrás de la noche más oscura siempre hay la promesa de un espléndido amanecer"
¿Cómo no esperar con ansia el próximo desafío?
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