El primer supermercado del mundo se fundó el 16 de setiembre de 1916, en la ciudad de Clarksville, Estados Unidos de América, por Clarence Saunders. Su finalidad era simplemente reducir el número de empleados que debían atender en una tienda, así los clientes se servirían por si mismos los productos y solamente el comerciante les cobraría y repondría eventualmente las mercaderías. ahorrando así mucho tiempo y personal.
Hoy día uno va al supermercado con una lista de compras y sale de él con diez veces más de las cosas que necesitaba comprar. Y es que este es el fin de un supermercado. Hacernos comprar aunque no lo necesitemos. Las ofertas, las promociones, la variedad. Nos hipnotizan con colores, imágenes, mensajes de todo tipo que atacan nuestros sentidos y que hacen que terminemos pensando que "eso" nos hace falta. Hasta nos ponen una música agradable en la mayoría de los supermercados, porque saben que la música induce a la compra. La industria alimenticia ha cambiado tanto en los últimos años que prácticamente es muy difícil encontrar productos no procesados.
Y cuando ya tienes en tu carrito mucho más de lo que pensabas, finalmente llegas a la caja, lugar donde encuentras todas esas tentaciones de último momento antes de pagar y salir.
Ir a un supermercado pude ser una experiencia agotadora. Cuando te vuelves consciente y te das cuenta de que nada de lo que te están ofreciendo es para mejorar tu calidad de vida, sino para convertirte solamente en un número más en la estadística, es el momento en el que te planteas dejar esta actividad que lejos de ser placentera es extenuante y perjudicial en todos los sentidos.
Una de las cosas que podemos hacer es dejar de ir. Libre albedrío. Pero si no quieres, si sientes que no puedes, te puedes entrenar en ir solamente con una lista y no comprar nada más que no esté en esa lista. La sensación de dominio sobre uno mismo y el auto-control es fantástica. Vencer la inercia que todos tenemos impuesta como rebaño es un gran logro que hay que aplaudir.
Otra cosa que puedes hacer por tu bien y el de tu familia es el comprar productos lo menos procesados posibles. Piensa, si tu abuela no lo comería ¿porqué tu si?
También no utilizar tarjetas de crédito te ayudará mucho a liberarte de esta práctica perjudicial. Si no tienes efectivo no compres.
Si sientes una gran tentación por comprar eso que viste y que tanto te gusta, espera unos minutos. Detente y pasa de ello. Si al otro día sigues sintiendo el impulso de comprarlo, hazlo. Pero verás que la mayoría de las veces esto no sucede, la tentación se enfría.
Como dijo mi hija: "El supermercado nos consume a nosotros y no nosotros al supermercado"
Ejerzamos nuestra capacidad de elección en favor de no caer en estas trampas mortales
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