Durante nuestro paso por la vida, recibimos muchas veces regalos y no nos damos cuenta. Quizás porque no somos concientes de que al nacer ya hemos recibido el regalo más grande de todos, que nadie más en el mundo va a poder igualar puesto que no hay ni habrá otro que se le compare, y es el regalo de la vida.
Si no podemos darnos cuenta de esto, mucho menos estaremos en condición de reconocer otros regalos que son significativos. Puede ser un simple beso, una mirada, un abrazo...sencillos. No vienen envueltos en papeles brillantes, ni con espectaculares moños, y por eso por lo general pasan desapercibidos. Muchas veces al encontrar en nuestro camino una persona que no lo está pasando bien, quizás detenernos unos minutos y escucharla sería un hermosos regalo porque el tiempo es otro de los regalos que pasan desapercibidos.
A todos nos gusta recibir regalos, ¿a quién no? ya sea los que vienen envueltos magníficamente o los que nos llegan sutilmente. Si practicamos por las mañanas agradecer el recibir el regalo de un nuevo día, ya comenzaremos la jornada de una manera diferente, puesto que la gratitud nos pone en un estado de apertura...nuestro corazón abre sus puertas para recibir las bendiciones de un nuevo día, nuevas experiencias, nuevos retos, nuevos aprendizajes, nuevas esperanzas.
Entonces dime, ¿haz hecho algún regalo este día?
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